No es sólo cuestión de palabras

Emma comienza hoy el colegio. Al entrar a clase, ve que hay un nuevo compañero. Tiene la piel oscura y unos enormes ojos negros. La profesora les da la bienvenida y lo presenta. Se llama Samir.

Emma se acerca a saludarlo, pero él baja la vista hacia su pupitre. Parece que no quiere hablar con nadie. Emma se aleja triste.

Cuando llega a casa, su madre le pregunta por su primer día en el cole. Deja la mochila en la silla mientras coge un vaso de leche bien fresca y le empieza a explicar.

—Pues ha venido un niño nuevo al cole, Samir. La profe nos ha dicho que hace poco llegó de Marruecos con su familia.

—¿Y has hablado con él?

—Lo he intentado, pero…creo que no quiere hablar con nadie.

—Vaya, no tiene que ser nada fácil para él. ¿Por qué no le invitas mañana a merendar después de clase?

—Pero… ¿cómo se lo digo? ¡No puede entenderme!

—Hay muchas maneras de comunicarse, Emma. No es sólo cuestión de palabras.

Al día siguiente, Emma llega decidida al cole, aunque siga sin tener ni idea de cómo hablar con Samir. Ni él entiende español ni ella árabe. ¡Qué faena!

A la hora del patio se queda sólo otra vez. Ni él se acerca a nadie ni nadie a él. A Emma le pone triste ser la única que lo hace. Recuerda a mamá. Siempre le dice que tiene que ser empática con los demás. La primera vez que Emma la escuchó le preguntó que quería decir ser empática, a lo que mamá dijo “ser empático es ser capaz de sentir con el corazón de otro”. A Emma aquello le sonó muy raro. No entendía cómo iba a sentir con el corazón de otro. ¡Eso era imposible!

Sin embargo, a medida que se acerca a Samir, entiende las palabras de mamá. Siente que el corazón de Samir está triste. Se sienta junto a él y le da unas cuantas uvas que lleva en su túper del almuerzo. Samir al principio las rechaza, pero después de que Emma insista acepta.

—Gra…cias…—dice con torpeza. Es de las pocas palabras que conoce.

—¿Quieres venir esta tarde a mi casa? – pregunta Emma emocionada, pues es la primera vez que le oye hablar. Sin embargo, Emma habla rápido como un relámpago, y Samir pone los ojos como platos.

—Oh,perdona. He…habla…do…mu…y…rá..pi..do…- dice mientras hace grandes muecas con la boca para hablar lo más lento posible.

Samir aprieta los labios y Emma se preocupa, pues piensa que le ha ofendido. Sin embargo, al cabo de un instante, Samir ríe.

—Divertido—dice Samir señalando la cara de Emma.

Emma se sonroja, pero no tarda en unirse a su risa. Además, está muy pendiente de ser empática como le ha dicho mamá, y nota como el corazón de Samir ya no está triste. Ahora sonríe, y eso le pone contenta.

Y esque mamá tenía razón. No es sólo cuestión de palabras.

6 comentarios en “No es sólo cuestión de palabras”

  1. ….bravo Melanie.😍una descripcion perfecta de lo que es » empatia»…
    Ojala tod@s fueramos mucho mas » empaticos»

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