Niñultos

Se rumorea que existen desde hace muchos, muchos años. Desde antes de que tú o yo estuviéramos aquí. Han estado presentes a lo largo de la historia, pero poco se ha hablado de ellos. Ha sido más importante hablar de victorias y derrotas. Pero te diré un secreto: Que ellos sigan vivos, es una victoria en sí misma.

Te preguntarás como reconocerlos. Bien, es fácil si uno sabe ser niño. Quienes no saben, los tratan como locos. Fíjate, ahora te mostraré un ejemplo. Sube al metro conmigo. Aquí empieza el día de muchos. Verás que llevan tristes abrigos grises que les llegan hasta las rodillas, con maletines y zapatos bien lustrados. Van con la cabeza agachada, porque quien no lleva la cabeza agachada en el metro llama demasiado la atención. No quieren que los miren raro. Predomina la parte adulta. Para ellos, el juicio es importante. Cómo se ven ante los ojos de los demás. Por eso llevan abrigos grises largos, maletines, y zapatos lustrados. Para mostrarse normales ante los demás. Oh, lo normal. No sabes cuánto daño ha hecho esa palabra.

Sin embargo, a veces recuerdan su parte de niños. Fíjate en la mirada de ese hombre. ¿Ves cómo mira el suelo? Incluso se le ha escapado una sonrisa. Nadie sonríe en el metro, a nadie se le ocurre. Eso es un claro indicio de que es un niñulto. Quizás está imaginándose rodeado de césped o de altos matorrales. O en medio de la selva.

O no… ¡ya lo tengo! Quizás se está imaginando el suelo con azulejos blancos y negros, donde sólo puede pisar los negros. ¡Bien difícil tiene que ser hacerlo esquivando a toda esta gente!

Ven conmigo, bajamos en esta parada, vamos a andar un poco. Quiero enseñarte más.

¿Ves esta oficina? Entremos.

Verás, otra cosa muy triste es que no saben que lo son.

¿Te imaginas que tú no supieras lo que eres? ¡Qué triste verdad! Por eso cada vez hay menos. Porque han olvidado quienes son.

Fíjate en esa de ahí, ¿lo ves? ¿Ves cómo está mirando su café? Probablemente esté ardiendo y no pueda tomarlo. Pero eso pasaría si fuera más adulta que niña. Si es más niña que adulta, no mirará impaciente mientras espera a que se enfríe su café. Estará viendo formas en su espuma. O mirando el remolino que se hace mientras le da vueltas y vueltas con la cucharita. O viendo como el humo asciende haciendo eses mientras piensa si se trata de un café o de un volcán.

¿Y sabes cómo descubriremos todo eso? Mirándole el brillo de los ojos. Los puedes descubrir de muchas maneras, sólo hay que ser un buen observador. Pero el brillo de los ojos nunca falla. Si cuando le miras ves una mirada vacía, no lo es. En cambio, si cuando le miras ves una mirada de color llena de dibujos, de sombras que bailan y de animales que ríen, no hay duda: estás ante uno de ellos. Te parecerá que en su iris llevan inscrito el lema “Aburrirse es aburrido”. ¡No te imaginas cuanto les aburre aburrirse!

¡Mira! Vamos a seguir a ese. Parece que sale. Debe ir a comer. Si pide el menú infantil es que lo es. Un niñulto te dirá que el rebozado del menú infantil es mejor que el rebozado del menú normal. Vaya, ha pedido coles de Bruselas. Puaj. No lo es. Segurísimo. Ninguno pediría eso. Les gusta comer cosas con las que ensuciarse los dedos. Patatas fritas, por ejemplo. Así al final pueden chupar la sal que les queda en la yema de los dedos. ¡Cuánto más manchados tengan los dedos, mejor!

Incluso una cena perfecta no tiene porque ser en el mejor restaurante de la ciudad. Puede ser cenando pizza al borde de la cama. O desayunando pizza. Desayunar pizza es su mejor cena.

Otra de sus características es que son tremendamente curiosos. Siempre están preguntándose el porqué de las cosas. ¿Por qué los tiburones martillo tienen la cabeza de esa forma? ¿Por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos? ¿Por qué nuestros dedos se arrugan con el agua? ¿Por qué los ojos de los animales brillan por la noche?

Y que más, déjame pensar un momento… ¡Ah, se me olvidaba! Esto también es importante. Sumamente importante. Siempre que pasen por una colina, se pararán y mirarán hacia abajo. ¿Y sabes en lo que piensan? A ver si lo adivinas… ¡Exacto! En dejarse caer haciendo la croqueta. Les encanta coger velocidad mientras descienden y notar cómo su mejilla rebota sobre el césped mientras dan vueltas y vueltas. Acaban bastante mareados, pero siempre repiten.

Los adultos ya no lo hacen porque dicen que no es bueno que se les suba la sangre a la cabeza. Pero sin sangre en la cabeza no hay buenas ideas. No entiendo cómo se les puede haber olvidado eso.

En los viajes largos se entretienen mirando los enormes girasoles que hay a su lado mientras avanzan en la carretera, si es que los hay. Piensan en la de pipas que debe haber en cada uno de ellos y lo contenta que se pondría una cacatúa en un lugar así. Bajan la ventanilla del coche y extienden el brazo, haciéndolo ondear arriba y abajo. Mientras una parte les acompaña en todo el viaje, la otra se queda en el campo de girasoles. Es una minúscula parte, casi imperceptible. Pero lo cambia todo. Si te fijas bien, pronto aprenderás a reconocer los lugares que no sólo fueron visitados por niñultos, sino que también dejaron su huella en ellos.

Ahora, cada vez que viajes en el metro verás césped en el suelo o altos matorrales. O simplemente alguien debatiéndose entre si solo pisar los azulejos negros o los azulejos blancos. O alguien que bautice su café matutino con el nombre de Popocatépetl. O a alguien que verá coles de Bruselas en el menú de la cantina y pondrá cara de asco, y como en ese momento tú te reirás, sabiendo que se trata de un niñulto. Bajarás rodando colina abajo, cogiendo velocidad con cada giro. No te importará mancharte la ropa o llenarte el pelo de hierba. Incluso no sería raro que te tragaras alguna flor.

¿Entiendes ahora lo que los convierte en lo que son? Exacto. Ponen ilusión en todo lo que hacen, y todo les hace ilusión. Si sabes seguir su rastro, no les perderás nunca de vista. Incluso ni siquiera necesitarás verlos para saber que están cerca. Pero para eso, tienes que aprender a reconocer su olor. Así que dime: ¿A qué huele la ilusión?

17 comentarios en “Niñultos”

  1. Hola 😃
    La ilusión huele a chuches, chocolate derretido en los dedos de las manos. Manchas de pizza y tomate en la camisa recien puesta.

    Paul

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