Otro día más

Ya 31 de agosto, menos mal. Empiezan a bajar las visitas, porque la primera quincena madre mía, aquí todos apelotonados. Se espera un septiembre movidito… pero algo más llevadero. Aunque eso de llevadero…Uff…necesito respirar con calma varias veces antes de que se abran las puertas a las 9 am y dar “la bienvenida al nuevo día” con una sonrisa. Algunos consideran que mi sonrisa no es auténtica, pero es lo máximo que puedo ofrecer. Me hicieron así, que queréis. A muchos les gusta tacharla de enigmática. Suena mejor.

Mira, ahí vienen los primeros con sus súper cámaras, como siempre. Y que no les falte la audioguía en 120 idiomas. Qué graciosos mirando los cuadros absortos, dándoles valor sólo porque alguien les ha dicho que lo tienen.

¡Joder, ya estamos, foto con flash! ¿Pero que no veis el cartel de la entrada o que? “ne pas utiliser de flash» y encima en todos los idiomas. Y sólo las 9:29…menudo día me espera. ¿Por qué la gente no entiende que el flash me daña los ojos?

Por lo menos tengo a Jean Pierre. Es atento y vigila que no me agobien más de la cuenta o que no se acerquen en exceso. Algunos tratan de toc…. ¿En serio? ¿Otra vez? Joder niño, ¡que no me hagas fotos con flash! ¿Qué no ves el letrerito de la entrada? N-O F-L-A-S-H. Menos mal que ahí está de nuevo mi salvador, Jean Pierre, para llamarle la atención. Ay, qué hombre tan caballeroso, velando por mi seguridad. Le invitaría a un café si no fuera porque llevo 500 años atrapada en este dichoso cuadro.

El otro día un niño hablaba de no sé qué cuadros de un tal Harry Potter que se movían… ¡Pues que suerte la de ellos! Que ya tengo los brazos cansados de tenerlos en la misma posición. Así podría hacer un poco de spinning de ese del que tanto hablan, moverme, visitar los otros cuadros o algo. El niño dijo que yo era un cuadro muggle. No sé a qué se refería con eso, pero sin duda sonaba desesperanzador. Y luego empezó con su rabieta. Mira, eso es lo bueno de ser un cuadro, que no tengo críos. Porque a veces los veo por aquí y me entra el agobio. Lloriqueando por el suelo, gritando desconsolados que quieren marchar. Un mundo muy ajeno a mí, por suerte. De ahí a que después de 500 años no tenga ni una sola arruga. Ni una sola cana. La ausencia de niños, sí. Esa es la clave de que lleve tan bien mi edad. Quizás por eso no tengo amigas. Me envidian, claro. Aunque a veces necesitaría charlar con alguien… maldito seas…¿por qué me pintaste con la boca cerrada?… y sola… Yo también necesito dar mi opinión. Escuchar sólo para poder responder. Por lo menos es lo que veo hacer a la gente todo el tiempo. Se paran enfrente de mí y empiezan su disputa sobre quién sabe más sobre mi historia. Pues ninguno, la verdad. Los dos se equivocan totalmente. Pero si de algo me he dado cuenta todos estos años es que es más importante hacer ver que sabes algo que saberlo realmente. Bien podría ser doctorada honoris causa en Sociología de tantos años observando a estos especímenes.

Menos mal que está monsieur Louis, el de mantenimiento, un señor entrañable. A veces se enrolla un poco contándome su vida y sus problemas matrimoniales, pero por lo menos me hace compañía. Compañía de calidad, claro, no como esta gente que viene aquí sólo para hacerse fotos y subirlas al Instagram ese del que tanto hablan. “Mirad donde he estado”. Si os viérais desde donde est…¡SEÑORA! ¿En serio? No me lo puedo creer. ¿En serio? ¿EN SERIO? NO FLASH SEÑORA. Se lo gritaría si pudiera. Me entra la risa nerviosa de imaginarme gritando en medio de la galería lo patéticos que me resultan todos. Saldría en los periódicos seguro. Si ya salgo de normal, en una situación así ni te cuento… Aunque bueno, podrían aprovechar para cambiarme mis atuendos, tan apagados… He visto que ahora se llevan mucho las blusas con flores, quedan muy monas. Dos pinceladas y arreglado. Mientras no me pongan uno de esos tops con los que vienen las muchachas adolescentes… niñas, de verdad, que poco decoro. Lo peor son eso, las excursiones escolares de adolescentes con caras largas que me miran con indiferencia. Pues la indiferencia que me despertáis vosotros a mí. Por lo menos yo soy una obra de arte. Sí señor, una gran obra de arte. La Gioconda de Leonardo da Vinci.

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