La margarita de Paula

Cuando Paula pasa por delante del parque siempre ve un montón de niños y niñas deshojando los pétalos de las margaritas.

– “Me quiere…”–dicen algunos sonrientes.

–“No me quiere…”–dicen otros tristes.

A Paula le gusta mucho Lucas, un niño de su clase.

Con los pétalos de las margaritas sabrás si te quiere o no” – le dice su amiga Noa.

Paula va al día siguiente al campo de margaritas. Cuando mira la hierba, las caras amarillas se ven más tristes que nunca. No les queda ni un solo pétalo.

Al cabo de un rato encuentra una. Es enorme y tiene unos pétalos larguísimos.

A Paula le da pena arrancarla, pero si no lo hace ¿Cómo va a saber si Lucas le quiere?

¡No! – grita la flor.

Paula se sobresalta y aparta la mano.

¿Has hablado tú? – pregunta sorprendida.

Querías hacerme daño – responde la flor–No estáis buscando lo importante de verdad.

¿A qué te refieres?

El amor hacia vosotros mismos.

Paula no sabe que responder. No se lo ha preguntado nunca.

Te propongo algo – dice la margarita–cierra los ojos.

Imagínate que tienes una margarita como yo dentro de ti, pero es tan pequeña que ni siquiera sabes que está. Ahora riégala diciendo en voz alta “me quiero porque…” y algo por lo que te quieras.

Paula se queda pensando un rato hasta que de pronto se le ocurre.

Me quiero porque…¡me gusta reír! – dice mientras recuerda cuando papá le hace cosquillas

Me quiero porque…¡soy cariñosa! – dice mientras recuerda lo mucho que le gusta abrazar a los abuelos.

Me quiero porque…¡soy creativa! – dice mientras recuerda lo mucho que le gusta pintar.

Me quiero porque…¡soy valiente! – dice pensando en lo alto que trepó un árbol la última vez.

Paula nota un cosquilleo en el estómago y se lleva la mano.

Creo que mi margarita ha crecido. ¡Ya puedo verla! – exclama.

¡Eso es fantástico! – dice la margarita.

Sin embargo, Paula parece algo preocupada.

¿Qué te pasa? – pregunta la margarita.

No tiene pétalos–responde Paula.

Los pétalos son los que le dan personalidad a la flor. Nosotras, las margaritas, no siempre tenemos el mismo número de pétalos. Cada una es diferente.

¿Y eso por qué?

Porque cada semilla es única, igual que cada persona. Todos llevamos una semilla dentro y tenemos que cuidarla.

Paula asiente con la cabeza. Gracias a la margarita, ahora sabe que ese cosquilleo que siente es su semilla creciendo. También sabe que le gusta que la rieguen con palabras bonitas, aunque no siempre lo haga.

¿Y si a alguien no le gusta su semilla? – pregunta Paula.

A veces a uno mismo no le gustan algunas cosas de su semilla. Yo soy demasiado alta, ¡y a veces el sol me quema! –exclama la margarita–pero, si no fuera por eso, mis pétalos no serían tan blancos y bonitos como son ahora. ¿Sabes por qué?

¿Por qué?

Porque son los que reciben las primeras gotas de lluvia. Cuidándote podrás dar lo mejor de ti a los demás. Te voy a decir las palabras mágicas para que te nazcan unos pétalos fuertes.

Paula se acerca a ella y la escucha con mucha atención. Después pone las manos sobre su estómago, toma aire y dice las palabras mágicas en voz alta:

Me quiero como soy.

De pronto, los pétalos empiezan a nacer. ¡Son de color amarillo, su color favorito! Y no sólo eso…sus bordes son ondulados igual que su pelo. ¡Está claro que es su margarita!

En ese momento aparecen varios niños, entre ellos Lucas.

Paula ve como estira el brazo para arrancar una margarita, pero antes de que lo haga se lo impide. Entonces le explica todo lo que ha contado la margarita. Le dice que todos tenemos una flor dentro, que es a la que tenemos que cuidar y le dice las palabras mágicas.

Lucas la mira extrañado, pero la ve tan convencida que no duda en hacerle caso. Se lleva las manos al estómago y dice las palabras mágicas en voz alta:

-Me quiero como soy.

Una sonrisa se dibuja en su cara y Paula nota algo creciendo en su estómago. No le hace falta cerrar los ojos para saber qué es.

 

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